Hebe siempre declaró que el nacimiento de las Madres no había sido en la plaza sino en la Iglesia Stella Maris de la Marina, hace unos 49 años. Allí se habían juntado algunas madres de chicos desaparecidos para hablar con el cura Emilio Graselli, secretario del vicario, quien no paraba de ningunearlas. A la salida, Azucena Villaflor dijo: “Basta, tenemos que hacer algo; juntas podemos, pero separadas no vamos a lograr nada. Y tiene que ser en la Plaza de Mayo, donde pasaron las cosas más importantes del país”. Transformaron el dolor en acción. Y marcharon en Plaza de Mayo. En el primer encuentro fueron 14. Al año ya eran 200.
El verbo “marchar” no es azaroso. Aunque se las conoce popularmente como “rondas”, eligen utilizar esl término “Marchas”. Más que rondas, son un posicionamiento político, una demostración de vigencia y lucha. Los primeros encuentros no se dieron en cercanías a la Pirámide, sino frente a la Casa de Gobierno, alrededor del monumento de Belgrano. De a poco, mientras crecía el grupo a la par del hostigamiento policial, fueron corriéndose al centro de la plaza. “Fue una especie de triunfo, porque ahí estaban más visibles, que era el objetivo de ellas”, relata Demetrio Iramain, biógrafo y docente de historia en la Universidad de las Madres. Cada jueves eran dos o tres nuevas. “¿Vos venís por lo mismo que yo?” era la pregunta repetida. Ante el número de madres que creía la policía se puso en alerta. Les dijeron ‘tienen que circular’. Y entonces ellas empezaron a caminar. La Marcha de las Madres.

Foto: Archivo Hasenberg Quaretti
La respuesta de la dictadura se concretó entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977. Tras la infiltración de Alfredo Astiz, desaparecen Azucena, Mary y Esther. Ahí se produce otro gran debate entre ellas: si fue una buena estrategia haber estado en la plaza durante meses, porque evidentemente corrían peligro. La posición que se termina imponiendo (y ahí resurge Hebe como referenta y líder) es que evidentemente Azucena había tenido razón, había que ir a la plaza porque ahí era donde les molestaba su presencia, y por eso habían secuestrado a tres de ellas. Se organizaron, surgieron nuevas referentas, se institucionalizaron.
Para 1978 ya eran cientos de madres. Vinieron repercusiones internacionales como la marcha transmitida por la televisión holandesa en simultáneo con la ceremonia de apertura del Mundial de 1978; solicitadas en diarios, el encuentro en octubre de 1978 con el presidente de Italia, Sandro Pertini. Llegaron los pañuelos blancos que reemplazaron a los clavos como distintivos, tras la peregrinación a Luján. Las caminatas de a dos en silencio, tomadas de la mano, el sentido siempre en contra de las agujas del reloj.

El 30 de abril de 1981 cumplieron el 4° aniversario con una ronda que congregó a 4000 personas. Frente a un clima de “diálogo político” que impulsaba la dictadura, con apoyo de vastos sectores partidarios, las Madres encabezaron la primera Marcha de la Resistencia. Así lo explicó Hebe: “Nacieron en 1981 como demostración de enfrentamiento, no de 30 minutos por jueves, sino de 24 horas sin descanso, frente al poder asesino y a los traidores”.
Las Marchas de la Resistencia se siguieron haciendo hasta 2006 (Alfonsín fue de los más alterados: ‘¿Resistir a qué y a quiénes, si ahora había un poder democrático?`), y luego se retomaron en la presidencia de Macri. Volvieron en 2025, junto a ATE. Ya en 2016 Hebe hacía foco en la necesidad de que el legado continúe en jóvenes y trabajadores organizados: “Esta Marcha de la Resistencia ya no es más nuestra, es de ustedes ahora, son quienes la tienen que llevar adelante”.